Durante años, la inflación marcó el pulso de Argentina y encareció la vida a diario, limitando las oportunidades y las perspectivas futuras de los argentinos. Con Javier Milei en la Casa Rosada, las decisiones económicas se han concentrado en frenar la inercia inflacionaria mediante una agenda claramente libertaria, basada en la derogación de normas de control de precios, la desregulación de mercados, la eliminación de controles sobre alquileres y precios regulados, el levantamiento de las restricciones cambiarias y de capitales, y una reducción drástica del gasto público orientada a alcanzar el superávit fiscal mensual. El giro ha sido contundente: tras rozar el 300 por ciento anual a comienzos de 2024, la inflación comenzó a moderarse, según datos recogidos por Reuters.Las perspectivas para 2026, no pueden ser mejores, con la aprobación de los nuevos presupuestos.
Este cambio de rumbo económico es el punto de partida de La era Milei, publicado el 5 de mayo de 2025, donde Philipp Bagus interpreta la coyuntura argentina a la luz de la teoría de la Escuela Austriaca. Editado en castellano por Publicaciones del Orden Espontáneo, el libro sostiene que la estabilidad económica solo puede construirse sobre disciplina fiscal, señales de precios no distorsionadas y confianza institucional. Una tesis tan clara como incómoda para la Argentina del pasado reciente: sin disciplina fiscal y monetaria, la inflación siempre vuelve..
Un giro medible en los datos recientes
El punto de partida fue extremo. En diciembre de 2023, el IPC subió 25,5% en un solo mes y 2023 cerró con 211,4% interanual, según el INDEC. Ese salto se combinó con correcciones cambiarias y ajustes de tarifas atrasadas. Desde 2024, la trayectoria empezó a descender, aunque con diferencias por rubro.
En 2025, la desaceleración convivió con meses de ruido. Reuters registró un 3,7% en marzo de 2025 y lo vinculó a factores estacionales y a ajustes relativos. Más tarde, en noviembre de 2025 el INDEC informó un 2,5% mensual y una tasa interanual de 31,4%, dato que EFE destacó como el más bajo en varios años. En paralelo, el presupuesto 2026 proyectó inflación anual del 10,1%.
Qué reformas explican el freno y qué queda pendiente
La narrativa oficial pone el foco en la disciplina fiscal. El presupuesto 2026 incorpora una meta de superávit primario y busca sostener la señal de que el gasto dejará de empujar la emisión. Además, se avanzó en la reducción de subsidios y en la normalización de precios relativos. Esa corrección suele doler, pero reduce distorsiones que luego reaparecen como inflación reprimida.
Desde la Escuela Austriaca, el vínculo se formula en expectativas e información. Cuando el Estado limita su necesidad de financiarse con inflación, los precios vuelven a coordinar decisiones de consumo e inversión con menos ruido. A la vez, una regla fiscal más clara tiende a bajar la incertidumbre, aunque el proceso sea desigual. Como se puede leer en La era Milei la desinflación exige coherencia, no solo anuncios.
Aun así, el reto sigue abierto. Una inflación interanual del 31,4% continúa siendo alta y un salto de precios regulados puede reactivar tensiones. En el plano político, las negociaciones y protestas alrededor del presupuesto muestran que el ajuste tiene límites.
En perspectiva, el freno de la inflación funciona como señal de credibilidad, pero no como punto de llegada. Para quien quiera seguir ese recorrido con teoría y con datos, “La era Milei” ofrece un marco de lectura y una invitación a profundizar en el caso argentino de hoy.


